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Historia

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HISTORIA ANTIGUA
 
El término municipal de Pizarra es rico en yacimientos arqueológicos. De la Edad de Bronce data la Necrópolis de Cistas de Luna (BIC). Los vestigios romanos son numerosos, tales como la cisterna del Bañadero de la Reina, el friso marmóreo de la Vega de Santa María y el ladrillo paleocristiano del Cortijo de Casablanca. La acrópolis de los Castillejos de Quintana y la Iglesia semirrupestre sobre la que yergue la Ermita de la Fuensanta constituyen manifestaciones arquetípicas de la arquitectura mozárabe de al-Andalus.
En el cortijo de Casablanca se situó la renombrada heredad nazarí de Rafá, propia de Aben Falcón, escudero de Alí el Baecí, alcaide de Castillo de Álora, antes de la conquista castellana y de Cristóbal de Mosquera, oficial de los Reyes Católicos, después de ella.
 
HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA
 

  • Origen de la Villa
En tiempos de la reconquista de Álora (22 de Junio de 1484) no existía esta Villa, pero a finales del siglo XV aparece ya el lugar de la Pizarra, levantado sobre tierras de Diego Romero. Este caballero, partícipe en la conquista del Reino de Granada, fundó en un paraje poblado de cañas y palmas la “Alquería de la Pizarra”. Más tarde la población se elevaba a 10 familias, teniendo para su gobierno un Alcalde Ordinario y para la custodia de sus campos un Alcalde de Hermandad, Alonso Boza y Bartolomé de Vargas, respectivamente.
En esta fecha el Alcalde de Málaga, Licenciado Osorio, despojó de sus oficios a esos citados alcaldes de Pizarra. No conformes con la privación de sus cargos, piden justicia y la Real Academia y Chancillería de Granada, el 16 de Diciembre de 1594, condenó al Alcalde Mayor de Málaga y a otros regidores de la misma, a una multa y a la restitución de las varas que les fueron quitadas. Por tanto, el Escribano de Málaga, restituyó a ambos alcaldes pizarreños sus respectivos oficios. Desde esa fecha, Pizarra vino nombrando a sus alcaldes propios.
 
Entre 1591 y 1595 se libró un pleito por el porvenir del municipio, el “El Pleito de Varas”, que configuró su constitución político-administrativa durante los siglos modernos bajo el principio de una exigua autonomía municipal: “El Concejo, Justicia y Regimiento del Lugar de la Pizarra”,  revestido de la mera jurisdicción pedánea confinada por todo término “de goteras adentro” al círculo de sus casas y corrales, comprendió los oficios públicos concejiles de un Alcalde Ordinario, un Regidor, un Alguacil Mayor y Alcaide de la Cárcel Pública, un Mayordomo de los Propios y Rentas del Concejo, un Depositario del Pósito Público de Granos y un Escribano Público y de Concejo bajo el imperio de la Real Jurisdicción Ordinaria de la Ciudad de Málaga.
 
  • Consolidación
 
En 1566, el obispo de Málaga Francisco Blanco Salcedo, modelo de virtud evangélica, erigió a sus expensas una ermita donde recibió culto y veneración la Virgen de la Fuensanta, patrona de esta villa. En el año 1630 consta el establecimiento de pila bautismal en su iglesia, que fue creada  en la Parroquia, nombrando a un cura independiente, ya que el vecindario había crecido hasta pasar los doscientos habitantes. Por ello también, la iglesia sufragánea de San Pedro fue enaltecida con la dignidad de parroquia.
 
La laboriosidad de sus habitantes hizo progresar y crecer la población, sobre todo a finales del siglo XVIII. Pero este desarrollo encontraba una dificultad grande: la carencia de jurisdicción, pues solo la tenía sobre el casco de la población.
La necesidad de expansionarse en cultivos y pastos de sus ganados, la imposición de contribuciones a los vecinos por sus labranzas, consumos, tratos y granjerías dentro  de la jurisdicción con Álora, hicieron que Pizarra y sus habitantes dieran muestra de su carácter independiente, tesonero y defensor de sus derechos. Consta que en 1748, existió un litigio con Álora sobre el derecho a pastar los ganados de Pizarra en término aloreño.
 
Por otro lado las tierras del mayorazgo de los caballeros Figueroa gozaron durante el siglo XVIII de notable fama por su feracidad: “Población fructífera de ricas naranjas chinas y olivos y tierras de mucho grano”. El catastro del Marqués de la Ensenada (1751) y los sucesivos Censos de Aranda (1767), Floridablanca (1787) y Godoy (1797) reflejan su auge demográfico. La privación de jurisdicción y término había cercenado los legítimos intereses de los vecinos demasiado tiempo.
 
  • La independencia : Siglo XIX – Siglo XX

 
A principio del siglo XIX cuenta Pizarra con cerca de trescientos vecinos, gobernándose por un alcalde pedáneo, un regidor síndico y dos diputados, aunque careciendo de jurisdicción ordinaria y hallándose sometido a la justicia de Álora.
Pizarra emprendió un dilatado y gravoso proceso judicial con la doble pretensión de constituirse en villa en pleno derecho y dotarse de término jurisdiccional, la cual fue coronada por Real Cédula de Privilegio de Villazgo en 1818 y Real Carta Ejecutoria del Supremo Tribunal de Justicia formando término municipal a expensas de Álora, Cártama y Casarabonela en 1847.
La abolición de las vinculaciones perpetuas de bienes, la creación de colonias agrícolas y la inauguración del ferrocarril Córdoba-Málaga alentaron la proliferación demográfica, la irradiación urbanística y la expansión económica del municipio. Sin embargo, tales transformaciones no derramaron sus beneficios sobre todos por igual y las desigualdades en aumento pronto originaron las tensiones sociales tan características del primer tercio del siglo XX.
Pizarra adquirió una importante relevancia pública en el bienio áureo de 1921-1922; la bendición del Santo sobre la tierra de Gibralmora por el Obispo de Málaga, Manuel González García, el 12 de Enero de 1921; la visita regia de S.M. El Rey D. Alfonso XIII el día 21 de Mayo de 1921; y en especial, la celebración en el Palacio de Puerto Hermoso entre los días 4 y 6 de Febrero de 1922, de la Conferencia de Pizarra para la resolución de la crisis militar del protectorado español de Marruecos, con asistencia del Presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura; de los Ministros de Estado, Marina y Guerra; de los Jefes del Estado Mayor Central del Ejército y del Estado Mayor de la Armada;  del Alto Comisario en Marruecos Dámaso Berenguer, y del Jefe de la Escuadra de África, Juan Bautista Aznar.
 
El destino reservaba aún tiempos difíciles; la Dictadura de Miguel Primo de Rivera en 1923, el abrupto fin de la Monarquía y el advenimiento de la II República en 1931; la infame guerra fratricida de 1936, el nuevo régimen político de los vencedores desde 1937 y el amanecer democrático de 1977 en sucesión inexorable hasta nuestros días.

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